La importancia de la creatividad

La creatividad es fundamental en el progreso y bienestar social. La creatividad ayuda al niño a encontrar soluciones distintas para un mismo problema.

Aunque nacemos con una capacidad innata para crear e imaginar, esa creatividad corre el peligro de bloquearse y diluirse con el paso del tiempo si no se estimula.

La autoestima y la creatividad en los niños siempre ha estado ligada entre sí. Los niños más creativos son aquellos que tienen desarrollados altos niveles de autoconfianza y madurez emocional.

Los niños son muy creativos por naturaleza, pero a veces el entorno o la falta de motivación hacen que pierdan esta cualidad. De hecho, la mayoría de las escuelas tradicionales hacen poco o nada por fomentar la imaginación y la individualidad de cada niño.

Y esto lamentablemente incide en su autoestima.Imagen

Por suerte, cada vez más, se está empezando a tomar en serio este tema y podemos encontrar muchas ideas para trabajar la creatividad de los niños. Hay cursos, talleres y extraescolares cada vez más acertadas y recomendables.

Pero también podemos potenciarla en casa. Yo hoy me atrevo a proponer el ejercicio más sencillo de todos: El juego. Pero un juego libre y no directivo. Que sean los niños quien decidan como se desarrolla y nosotros nos dejamos arrastrar 🙂

 

 

 

8 de Marzo

Un gran cuento para un gran día

Esperaba a mi príncipe azul pero nunca llegaba.

-Los príncipes azules no existen- Decían unos.

-Los príncipes azules destiñen- Decían otros.

-El que tenga que ser para ti, tuyo será- Decía mi madre.

Mientras, las películas y los cuentos estaban repletos de príncipes maravillosos.

Y yo continuaba esperando…

Y aparecían príncipes y más príncipes…

Pero ninguno era azul y ninguno me daba la felicidad.

Así que un buen día dejé de esperar. -No necesito un príncipe- me dije.

Y entonces ocurrió algo mágico.  Mi corazón comenzó a llenarse y a expandirse, ¡parecía tener alas!

Y de repente me dí cuenta de que todo este tiempo el amor había estado dentro de mí… Y yo no lo había visto porque estaba “esperando”.

En aquel preciso instante me enamoré de mí misma.

¡Y luego apareciste tú!

Y tú no eras azul, ni perfecto, ni eras verde, ni amarillo, ni rojo… ¡Eras de todos los colores! ¡Eras maravillosamente imperfecto! ¡Eras de carne y hueso!

Y no me dabas la felicidad, sino que multiplicabas la que yo sentía. Y eras tierno, y dulce y me llamabas princesa. Y yo me sentía la princesa más afortunada del mundo, de la tierra y del universo porque, finalmente ¡había encontrado a mi príncipe!


Los príncipes azules destiñen. – Teresa Giménez