Yo de warri nada.

Un día, después de tantos años educando hijos ajenos llegas a la conclusión (junto con tu pareja, ¡claro!) de que estaría bien ir a por el propio. Por aquello de dejarle que se suba a los árboles sin tener que explicar después los arañazos, o por ensayar con la guitarra en casa delante de un público más entregado.

Entonces, te entran todas las dudas. Por mucho que hayas dormido más bebés que nadie y tengas un tiempo récord en el cambio de pañal a una mano.

Así que googleas. Googleas sin parar aunque te joda reconocerlo. Y siempre llegas a sitios parecidos. “Benditos” foros… Un foro parece un lugar genial para informarse sobre estas cosas. Tantas mamás diferentes de todo el mundo, debatiendo intelectualmente entre ellas no pueden estar equivocadas.

Enseguida te lanzas a estas fuentes de sabiduría popular…

Y te enteras de que Fresita36 defiende a ultranza el método Estivill.

O que Rubiaza busca una canguro que la acompañe a hacerse las mechas, porque quiere librarse de su bebé, pero poco.

Aprendes que cualquier malestar físico subjetivo puede ser y será un síntoma de embarazo. Incluso estornudar. Ahora estás atenta a todo.

También te toca vivir sabiendo que hay varias usuarias que se están apoyando entre ellas para dejar de tomar la píldora a espaldas de sus hombres. Claro que sí muchachas! Qué ellos no estén preparados no debe ser un impedimento para ponerse al deber.

Porque a tener relaciones sexuales sin protección a partir de ahora se le llama “hacer los deberes”

Y… A la menstruación se le llama la “warri”

W-A-R-R-I.

Por ahí ya si que no paso.

Yo no soy de esas.

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Mamagoga

Uno de mis primeros trabajos fue en una residencia infantil.

Allí los niños siempre nos llamaban educadores, pedagogos o tutores en lugar de hacerlo por nuestros nombres; estaban acostumbrados a referirse a nosotros por nuestra función. Supongo que les ayudaba a no crear vínculos ya que eramos un sucedáneo institucionalizado de lo que debe ser una familia.

Las suyas no podían hacerse cargo de ellos. Así que tenían que conformarse con compartir un trabajador entre muchos niños, que estaban divididos en grupos según su edad o comportamiento. Funcionarios a los cuales no se les pagaba para quererles. Imagina unos veinte profesionales con diferentes turnos y tareas; entrando y saliendo de un centro donde debían educar, programar, redactar, dinamizar, acatar, mediar, reñir, limitar, contener… Haciendo caso a su superior, sin salirse de su horario y con tiempo para un café con el compañero.
Vamos, que para eso del cariño a más de uno no le quedaba tiempo ni ganas.

Yo llegué a esa casa y me creí de lo más afortunada. Se me había dado la oportunidad de convivir con unos niños que necesitaban apego más que nada en el mundo. A día de hoy todavía no se me ocurre nada tan agradecido. Aunque tuviera que olvidar mi nombre y limitarme a ser una pedagoga en funciones.

Pero a mitad de la primera semana los más pequeños empezaron a llamarme Mamagoga. Y desde entonces jamás he dejado de serlo.

Por eso, este rinconcito va dedicado a ellos y a todo lo que me enseñaron y me siguen enseñando.